Además estamos empezando a percibir que la tecnología también podría ayudarnos en la contención de la pandemia. Tanto en el actual proceso de desescalada como de futuros rebrotes que puedan aparecer. Está claro que todos disponemos en nuestro bolsillo de un smartphone con capacidades impensables hace pocos años. ¿Por qué no aprovecharlo para este fin?

Esta semana arrancan las pruebas piloto en Canarias de una aplicación de rastreo de contagios. Una vez evaluado su funcionamiento y efectividad, el Gobierno decidirá si será utilizada en toda España.

A la hora de usar nuestros móviles para ayudar a controlar la pandemia, hay dos posibilidades principales. Una basada en el geoposicionamiento (o tracking) y otra basada en el seguimiento automatizado de contactos (o tracing). Dos palabras muy parecidas en inglés, pero con resultados completamente distintos. Explicaremos las dos a continuación y sus diferencias fundamentales.

El geoposicionamiento o tracking

El tracking consiste en que la app instalada en nuestro teléfono móvil va guardando nuestra posición en todo momento.

Si diéramos positivo en una prueba de COVID-19, el sistema podría encargarse automáticamente de avisar a todos las personas con las que hemos estado en contacto dentro de un rango. Por ejemplo, todos aquellos con los que hemos estado a menos de 2 metros durante más de 15 minutos en espacios interiores o más de 30 minutos en el exterior.

Este sistema tiene dos problemas fundamentales:

  • El primero es que la precisión de los sistemas de geolocalización (especialmente en interiores) no es excesivamente buena. Además, dependiendo de cómo se diseñe la aplicación, puede consumir mucha batería.
  • El segundo es el miedo al efecto Gran Hermano que se podría dar, la pérdida de privacidad. Real y percibida. Podría suceder que mucha gente dejase de llevar el móvil consigo o bien lo pusiera en modo avión o impidiese el uso del GPS a la aplicación para evitar que recoja el detalle de todos sus movimientos.

El seguimiento de contactos o tracing

La aplicación que se está probando en nuestro país utiliza el segundo modelo, el seguimiento automatizado de contactos (automated contact tracing). Este se basa en la comunicación directa entre nuestro teléfono y el de todas aquellas personas con las que estemos en contacto cercano.

Cuando dos móviles se encuentran cerca intercambian un identificador anónimo. Cada uno de los móviles asociará a dicho identificador el tiempo durante el que se produjo ese contacto y la distancia aproximada a la que se encontraban los usuarios.

Si una persona da positivo en la prueba y lo indica en la app que tiene instalada, esta se encargaría de avisar a todos los individuos con los que ha estado en contacto.

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La aplicación de las personas que reciban la notificación decidirá si se cumplen determinados parámetros (por ejemplo, el contacto fue menos de 3 días atrás y duró más de 15 minutos). Todo esto, en principio, sin necesidad de acudir a ninguna autoridad central. Todo gestionable de forma autónoma por cada uno de los usuarios.

Esta alternativa era en un principio compleja de implementar, entre otros motivos, por las diferencias entre los móviles basados en Android (Google) e iOS (Apple). Sin embargo, quedó resuelto cuando ambas compañías se pusieron de acuerdo en crear un protocolo común que permitiera el diálogo entre los móviles de ambos sistemas.

Hay que tener en cuenta que lo que Apple y Google han consensuado y desarrollado no es una aplicación. Es un protocolo (una API, o interfaz de programación de aplicaciones), una base sobre la que cualquier agencia de salud pública pueda desarrollar una app.

En el modelo de ambas compañías, la API no guarda información de localización. Las aplicaciones construidas a partir de ella no invaden, en principio, la privacidad. Dependerá del usuario habilitar o deshabilitar las notificaciones de exposición al virus e indicar a la herramienta si ha dado positivo en una prueba.

Problemas de estas tecnologías

Por un lado, los móviles simplemente saben que estuvimos cerca de una persona. Obviamente, no tienen constancia de si estábamos usando mascarilla o no.

Por otro lado, tal y como se ha descrito hasta ahora, se podría dar algún caso de mal uso, bromas de mal gusto, incluso spam. Podría ocurrir, por ejemplo, que una persona dejase sin querer su móvil cerca del nuestro un rato y luego indicase a la app de su teléfono que está infectada. También se podría crear un perfil falso.

Además, y como siempre pasa cuando se habla de tecnología, cabe recordar que la tecnología falla. Dista mucho de ser perfecta. Una aplicación de seguimiento de contactos tan solo puede ser una pata más en un amplio despliegue de contención del virus.

Que el debate está abierto lo demuestra lo que está sucediendo estos días en países como Noruega, Reino Unido y Alemania, donde ya se han lanzado herramientas de este tipo.

Independiente de los posibles problemas, si se diseña adecuadamente el proceso, podemos disponer de una tecnología que nos ayude en el proceso de contener la expansión de la COVID-19.The Conversation

Jacques Bulchand Gidumal, Profesor de Emprendimiento y Turismo Digital, Universidad De Las Palmas de Gran Canaria

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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