A Diego Mir no le pilló totalmente desprevenido el encargo de la portada del número 14 de Gràffica, Dinero. Autor también del número dedicado a la educación en las industrias creativas (La formación en diseño) y colaborador en otros números de Gràffica, conoce la publicación y también las necesidades y exigencias que se le plantean a la persona que asume la responsabilidad de realizar la portada. Hablamos con él para que nos cuente en profundidad cómo ha vivido todo el proceso y cómo valora el resultado final.

Diego Mir es ilustrador y diseñador gráfico afincado en València (España). Sus ilustraciones han aparecido en numerosas publicaciones españolas e internacionales, como The New York Times, The Village Voice, El País Semanal, The Wall Street Journal, The Economist, El Mundo, Público o Gràffica. Mediante su trabajo, quiere «traducir gráficamente conceptos complejos de una manera sencilla» a través de la sencillez, la inteligencia y, cuando es posible, el humor.

¿Cómo ha sido el proceso de realizar la portada del número 14 a nivel de timings, ideas, feedback con Gràffica…?

Teniendo en cuenta que los plazos a los que se acostumbra uno cuando trabaja ilustrando en prensa son tan ajustados, contar con semanas para realizar una ilustración de portada es fantástico. Te permite bocetar con calma, seleccionar posibles propuestas, pensar en el tipo de grafismo, dejar reposar el trabajo unos días para retomarlo después y ver cosas que se te habían escapado o posibles mejoras, etc. Y el feedback con Gràffica siempre funciona bien (bendito Whatsapp…). Además, todo es más sencillo cuando el cliente trabaja también en el ámbito creativo, ya que la comunicación es más fluida.

¿Qué querías plasmar en la portada? ¿Cuál fue el punto de partida?

La idea es hablar de la cara y la cruz de nuestro negocio, un concepto que nos viene como anillo al dedo cuando se trata de economía, ya que, utilizando una moneda y teniendo en cuenta que contamos con la portada y la contraportada, podemos plasmar ambos conceptos. Cuando el encargo lo permite, debemos hacer a los receptores de nuestras imágenes partícipes de su significado, obligarles a reflexionar sobre lo que están viendo en lugar de darles el trabajo hecho. Es una máxima que intento poner en práctica en cada encargo profesional. Lo contrario a eso es tratar a la gente como ignorante o incapaz de razonar, y no se me ocurre mayor falta de respeto. Por eso esta imagen tiene detalles imperceptibles a simple vista, pero que requieren de una segunda lectura más pausada.

Había otras propuestas inicialmente de las que yo era más partidario, pero discutiéndolo con el cliente me di cuenta de que este tono era el adecuado y de que no debíamos dejar escapar la ocasión de utilizar portada y contra para comunicar esa dualidad y para lograr que la contraportada no se convirtiese en algo anecdótico o prescindible, sino que tuviese tanto peso como la portada. De hecho, la contra, según el significado que el lector le otorgue, puede tener en este caso mayor valor reivindicativo que la portada. Y en nuestro oficio estamos obligados a ser críticos y no acomodarnos, no podemos eludir esa responsabilidad.

¿Cuál ha sido el mayor reto/obstáculo al que te has enfrentado?

En el briefing inicial había un condicionante que me ha traído de cabeza: debía aparecer de algún modo una cara, que a nivel compositivo además tuviese el protagonismo. Esto me obligó a descartar muchas propuestas a las que personalmente veía más posibilidades de funcionar, tanto gráfica como conceptualmente. Son ese tipo de ideas que no salen y que uno deja en la reserva por si puede recuperarlas en futuros encargos. Finalmente, el cliente reculó y ese condicionante del rostro en portada desapareció, pero ya habíamos encaminado la gráfica hacia la idea de la moneda, pensando además en las posibilidades que la imprenta nos ofrecía a nivel de papeles y acabados, y nos gustaba demasiado como para buscar otras alternativas.

Otro reto importante ha sido el inherente a realizar una portada. Cuando ilustras un artículo para un medio, sabes que esa imagen está en el interior de la publicación, rodeada de mucha más información y que es efímera, lo que reduce la presión a hacerlo lo mejor que puedas. A los creativos se nos exige (o nos auto-exigimos) ser siempre brillantes, y eso, simplemente, es imposible. Pero cuando se trata de la portada, la cosa cambia mucho. Tanto el cliente como el creativo queremos tener la mejor versión posible. Sabemos que se convertirá en la imagen de presentación de una publicación con una duración determinada y que, junto con el contenido, será clave para lograr seducir al lector, así que no puedes limitarte a solucionar y entregar. Esto, además, se acentúa cuando hablamos de una publicación dirigida al mundo creativo, ya que otros profesionales son los que juzgarán tu trabajo.

Portada y contra establecen una relación (masculino vs. femenino; pulgar hacia arriba vs. pulgar hacia abajo). ¿Cómo y por qué concebiste estas «dos caras»?

Esa ambigüedad es clave. Por un lado, comunicamos que en el oficio creativo hay cosas que a nivel de negocio están funcionando, pero también hay mucha precariedad y falta de valoración de nuestro trabajo por parte de clientes, instituciones y sociedad en general (incluso a veces por parte de nosotros mismos). Y, por otro lado, como ilustrador que no sabe separar su trabajo de la crítica y el calado social, no quise desaprovechar la oportunidad de hablar de sexismo. La brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo un problema en nuestra sociedad, y nuestro trabajo no está libre de pecado.

¿Cómo valoras el resultado final?

Siempre que puedo, intento disfrutar más del proceso que del resultado por varios motivos. Uno es que el proceso conlleva una constante toma de decisiones que es lo que más me hace aprender y mejorar profesionalmente. Otro motivo es que el resultado en la mayoría de ocasiones no está en mis manos; hay multitud de factores ajenos a uno mismo: diferencias de perfiles de color entre equipos, sensibilidad del cliente, timing, presupuesto, características de los papeles y soportes, profesionalidad y cariño del impresor, etc. Pero la verdad es que en este caso no puedo estar más contento con el resultado, es una maravilla tener la revista en mis manos. ¡Felicidades a todas!

Si quieres conocer cómo fue el proceso de creación de otras de las portadas de la revista Gràffica, puedes hacerlo aquí: Gràffica 4Gràffica 5Gràffica 6Gràffica 7Gràffica 8, Gràffica 9, Gràffica 10, Gràffica 11, Gràffica 12, Gràffica 13.

→ Tienda Gràffica

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